302018Jul
Siete preguntas sobre la fiebre

Siete preguntas sobre la fiebre

¿Qué es la fiebre?

La fiebre es el aumento de la temperatura corporal por encima de lo normal, mayor de 37,5°C, que va acompañada por un mayor ritmo cardíaco y respiratorio, y expresa la reacción del organismo frente a alguna enfermedad infecciosa o no infecciosa. Por lo general se acompaña de otras molestias como escalofríos, sudoración, dolor de cabeza, dolor en los músculos y articulaciones, decaimiento y pérdida del apetito. En el caso de los lactantes esta pérdida de apetito se manifiesta como rechazo al pecho materno o succión débil.  

La fiebre es un mecanismo de defensa del organismo, lleva a que aumente el flujo sanguíneo hacia las zonas en donde se está produciendo el problema, con la finalidad de que las células y los mediadores inmunes, puedan llegar para dar inicio al proceso de defensa del organismo contra los agresores. En algunas circunstancias normales o fisiológicas, la temperatura del cuerpo aumenta sin que esto se considere fiebre, como durante el ejercicio físico, el embarazo y el período premenstrual. En general la temperatura axilar es entre 0.3 y 0.5 °C más baja que la bucal y la rectal respectivamente.

La importancia de la fiebre radica en que, siendo un signo sencillo y preciso de objetivar, es un buen indicador de enfermedad orgánica ya que no está expuesto a variaciones emocionales. Además, es útil para precisar la gravedad del cuadro febril, evaluar la evolución de la enfermedad y su respuesta al tratamiento.

¿Por qué le tenemos miedo?

La fiebre no constituye una condición de gravedad “per se”, pero puede ser manifestación de una enfermedad grave, que puede verse influida por la edad y las posibles patologías crónicas que afecten al paciente. En niños es frecuente que enfermedades poco graves provoquen temperaturas muy elevadas (39 – 40 °C).

Si bien la fiebre es importante como reacción de defensa, también es capaz de producir efectos adversos, algunos leves, como es el caso de los dolores musculares, articulares y de cabeza y otros más serios, como la deshidratación, el aumento del gasto cardiaco (cantidad de sangre que debe impulsar el corazón) y del requerimiento de oxígeno, lo que puede llevar a que se descompensen personas con enfermedades pulmonares y/o cardiacas.

Una de las complicaciones más temidas de la fiebre alta en los niños pequeños y los lactantes son las convulsiones febriles. Éstas en general son benignas y no requieren más que el manejo del episodio convulsivo y de la fiebre. El pediatra debe educar y enseñar a los padres durante la consulta de puericultura cómo prevenir estos episodios con un buen manejo del cuadro febril.  

¿Qué indica?

La fiebre es una señal de que algo está ocurriendo en el organismo, por lo que no es un síntoma que deba tomarse a la ligera. Lo ideal es acudir al médico para poder identificar y realizar el diagnóstico de su causa.

¿Cuándo tratarla?

Si bien debemos tratar de disminuir la temperatura para evitar, por ejemplo convulsiones en los lactantes, el tratamiento también se orienta al manejo de los síntomas acompañantes.

¿Cómo tratarla?

Lo primero que debemos hacer es mantener un ambiente fresco y ventilado, desabrigarlo y colocarle ropa ligera. Tomar un baño con agua templada y que se vaya enfriando, frotándose, ayuda a disipar el calor.

Los fármacos más empleados en el tratamiento de la fiebre son el paracetamol y los antiinflamatorios no esteroideos, como el ibuprofeno y el ácido acetilsalicílico (no utilizar en niños). En muchas ocasiones puede ser suficiente solamente con medidas físicas para bajar la temperatura, tales como compresas húmedas o baños templados.

El tratamiento definitivo de la fiebre será siempre el diagnóstico y el manejo adecuado de la enfermedad que la causa.

¿Cuándo es una urgencia?

Varios factores hacen que la fiebre deba ser considerada una urgencia. El primero es la edad. En general un recién nacido o un lactante menor de 3 meses con fiebre, debe ser rápidamente evaluado por un pediatra para eventualmente, realizarle estudios diagnósticos y tratamiento antibiótico con cierta urgencia si lo requiere. En el otro extremo, los mayores de 70 años también deben ser evaluados por un médico clínico con cierta rapidez.

Más allá de la edad, si la persona presenta síntomas o signos de alarma, como intensa cefalea y fotofobia (intolerancia a la luz) o hemorragias y petequias (pequeñas manchas coloradas en la piel que no desaparecen a la presión) debe acudir al médico para su examen y diagnóstico.

¿Cuándo ir al médico?

En los adultos y niños sanos, que presentan sus vacunas al día, la necesidad de la consulta al médico, pasa por la persistencia del cuadro febril y los síntomas acompañantes.      

Dr. Ricardo Rüttimann

Directo Científico Fundación Vacunar