242017Oct
Crianza con apego

Crianza con apego

Los modelos de crianza han ido cambiando a lo largo del tiempo. Hasta fines del siglo XIX se consideraba que el contacto físico y la demostración de afecto entre la madre y su bebé eran perjudiciales para su desarrollo, por lo cual se los separaba para confiar su crianza a instituciones, nodrizas o amas de cría.

Más tarde las madres empezaron a hacerse cargo de sus hijos, pero el objetivo era el adiestramiento y la disciplina, sin lugar para lo emocional. Afortunadamente hoy nadie duda de que el amor sentido y expresado es fundamental para la supervivencia y el desarrollo psicofísico y afectivo de los pequeños, además de constituir la base para su salud mental futura.

Actualmente todo el mundo habla de “crianza con apego”, pero muchas veces se relativiza su alcance. El apego es más que el contacto piel a piel de los primeros tiempos, la lactancia prolongada, el porteo y el colecho. Tampoco se trata de una crianza donde no existan límites y deba decirse a todo que sí. Criar con apego significa criar respetuosa, libre y amorosamente.

Es reconocer, aceptar y atender  las necesidades de los niños en cada etapa de su crecimiento, educándolos desde la comprensión, el acompañamiento, la presencia y la empatía. Apego no es “estar encima” del niño,  sino estar disponible para él.

Dormir con los hijos en la misma cama o no, trasladarlos en mochilas o en cochecitos, o amamantarlos durante 6 meses o 2 años, será siempre una decisión particular de cada familia y con cada hijo. Un niño que crece siendo respetado en sus necesidades, ritmos y expresiones, con límites claros acordes a su edad y con figuras adultas disponibles que lo escuchen, lo protejan, comprendan, acompañen y contengan, establecerá un vínculo de apego seguro que le permitirá tener confianza en sí mismo y en los otros, lograr mayor autonomía, autorregular sus emociones y expresar sus sentimientos, y ésto no depende de en qué cama duerma sino del lugar que ocupa en el entramado familiar.

Como adultos, criar con apego nos confronta con creencias y prejuicios propios acuñados en la transmisión de los mandatos con que fuimos educados, ofreciéndonos la oportunidad de modificar aquello que no nos gustó o que se nos presenta como obstáculo para el ejercicio de nuestro rol de padres, siempre que estemos dispuestos a revisar la propia historia para alcanzar la mejor versión de nosotros mismos y ofrecérsela a nuestros hijos, para crecer y aprender juntos.

Lic. Gabriela Nelli/ Lic. Mariela Lopardo

Alojar, Maternidad y Crianza





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