12017Jun
Miedo a la vacunación

Miedo a la vacunación

Todos los niños atraviesan una serie de etapas en las que sienten miedo ante determinadas situaciones u objetos. Siendo bebés los temores serán irracionales, más ligados a sensaciones o a la percepción del miedo o el malestar de los padres.

A medida que crecen, los temores van tomando consistencia y se hacen cada vez más concretos: a los extraños, a la oscuridad, a estar solos, a los ruidos fuertes, tormentas, animales, fantasmas, monstruos, brujas o personajes de cuentos, miedo a las vacunas, a las inyecciones y al médico.

Como padres deseamos poner a nuestros hijos a salvo de cualquier sufrimiento o experiencia desagradable. Pero existen miedos que son universales, que no podemos evitar y que se encuentran presentes en el desarrollo normal de todo niño. Estos miedos aparecen, y desaparecen de manera espontánea en la medida en que el chico va adquiriendo experiencia respecto a ellos. Los temores infantiles funcionan como señal de alerta ante la proximidad de lo que es vivido como peligroso, de allí su carácter defensivo.

Las primeras vacunas normalmente generan mayor malestar en los padres que en los bebés, ya que ellos aún no tienen la capacidad de comprender objetivamente la situación. El pinchazo en la piel sensible del bebé recién nacido puede parecer mucho más terrible de lo que realmente es, de hecho es frecuente que los más pequeños no lloren o incluso puedan recibir la vacuna dormidos sin alterar su sueño.

Es fundamental que la actitud de los padres en el momento de la vacunación sea lo más racional posible, que estén relajados para transmitirles la seguridad que necesiten, entendiendo que el acto de vacunación no tiene por qué ser un hecho traumático.

Para tranquilidad de los padres:

  • Tener confianza en el vacunatorio y en los profesionales que atenderán al niño.
  • Elegir un día sin mayores compromisos, para ir al vacunatorio con tiempo, así  pueden acompañar a sus hijos en ese momento sin apurones para llegar o para irse.
  • Prever la documentación necesaria para poder vacunar a su hijo/a (DNI, receta médica, credencial de la obra social e historial de vacunación) con el fin de  evitar un estrés previo al acto de vacunación.
  • Conocer para qué sirven las vacunas que se aplicarán y cuáles son los posibles efectos adversos.
  • Ir ambos padres o uno de los dos con alguien más que lo acompañe, así si la situación resulta angustiante para la mamá o el papá, hay otro adulto que pueda contener al niño.

Para tener en cuenta antes, durante y después de la vacunación:

  • No amenazar a los niños con inyecciones como medida de castigo, eso les inculcará temor y generará gran ansiedad al momento de vacunarse. Hay que explicarles en un lenguaje acorde a su edad que las vacunas son para protegerlos de enfermedades, que es sólo un momento corto que puede provocarle algo de dolor, pero que el beneficio es más importante.
  • Ensayar el procedimiento en casa con un muñeco o jugar a que ustedes son vacunados, ayudará al niño a comprender en qué consiste y qué es lo que sucederá cuando llegue el momento de ir al vacunatorio.
  • No llevar al niño engañado, haciéndole creer que va a otro lugar o diciéndole que no habrá agujas. Lejos de bajar la ansiedad, lo pondrá más nervioso cuando se dé cuenta dónde está y le hará perder la confianza en sus padres y en los médicos. Hay que decirles la verdad y aclararles que los estaremos acompañando en todo momento.
  • De ser posible, que el niño elija en qué brazo prefiere recibir el pinchazo, si quiere o no tomar tu mano, qué bandita adhesiva se le pondrá después. Estas pequeñas decisiones lo ayudarán a sentir que tiene parte del control de la situación.
  • Mantener la calma. Si estamos nerviosos o intranquilos -aunque no digamos nada- los gestos, la tensión corporal, el tono de voz, son percibidos por los niños como indicadores de que algo no está bien o es amenazante para ellos: “Si mamá y papá están al mando y algo está mal para ellos, entonces algo está mal para mí…”.
  • En lugar de decirle “pobrecito” o “no mires que ya pasa” mientras le aplican la vacuna, además de tenerlo a upa y abrazarlo, podés cantarle una canción que le guste, contarle un cuento o mostrarle dibujos que generalmente hay en los consultorios, así lo ayudas a quitar la atención de la jeringa y a sentirse más seguro.
  • No menosprecies el temor o el dolor que pueda sentir el niño, ni hagas comentarios negativos sobre su miedo como por ejemplo: “si no es nada”, “no te hagas el tonto”, “qué van a pensar los demás de vos”, “tu hermano fue más valiente” o “mira ese nene es más chiquito y no llora y se porta mucho mejor que vos”. Minimizar los temores o ridiculizarlos no llevará a que pueda superarlos sino más bien a vivenciar un sufrimiento mayor, dejándole una impresión negativa de la situación para futuras experiencias.

Lic. Alejandra Silva

Lic. Mariela Lopardo

Lic. Gabriela Nelli




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